sábado, 18 de septiembre de 2010

Breve Crítica a la Razón Tridimensional: Resident Evil 4: Afterlife, The Last Airbender, y Expectativas sobre Harry Potter and the Deathly Hallows




No sé... no siempre estuve en contra de las películas 3D. La verdad ni siquiera recuerdo la primera, pero desde que comenzó la tercera oleada mundial de películas que requerían lentes especiales (la primera ocurrió en los 50', tengo entendido que aquí no pegó tanto; la segunda fue en los 80'), me di cuenta que era un honesto desperdicio diseñar toda una trama a un formato comercial de moda. Es decir, hay que admitir que la mayoría de los realizadores de este tipo de películas, forzan la trama a tal punto que pareciera que los personajes obligadamente deben lanzar, disparar o explotar hacia la pantalla de manera que todos podamos hacer "¡Ohhh!  ¡Ahhh!" Y es que aproveché el puente para irme al cine comercial (mis amigos Fans de la Cineteca me criticarán), y ver varias películas que ya esperaba desde hacía mucho. En total, sólo me hace falta ver una más: El Infierno, de Luis Estrada. A ver si se me ocurre algo que mencionar al respecto y lo posteo más tarde.



Por esta ocasión, me gustaría revisar dos filmes de cuyas historias soy Fan (y no por eso dejaré de criticar los elementos tridimensionales), y preveer el desarrollo de una más (de la cual también soy Fan) que se estrenará próximamente: Resident Evil 4: Afterlife, The Last Airbender, y Harry Potter and The Deathly Hallows.

Resident Evil 4: Afterlife


 Me gustaría realizar una advertencia antes de comenzar con mi revisión sobre RE4. La línea de mi discurso se basará concretamente en los filmes, no en los videojuegos o en el argumento de los mismos. Nunca falta el Betornillo (véase El Podcast de Olallo Rubio) que me dice "¿las películas qué? están [y cito] re-chafas, están re-chafas y ni se parecen a los videojuegos". Por tal motivo, aviso de antemano que mi mensaje está dirigido a las 4 películas que SE BASARON (pobre o enriquecidamente) en la serie de videojuegos desarrollada por Capcom y a la cual originalmente denominaron Biohazard. No soy un experto en la temática original de los videojuegos, apenas he jugado dos, y por supuesto que no he terminado ninguno. Y aunque sí he hecho cierto digging al respecto por Internet, y pretendo profundizar en la trama desarrollada para las consolas, me enfocaré casi exclusivamente en el trabajo desarrollado por Paul W.S. Anderson. Además, quisiera resaltar que no vi ninguna de las películas que aquí reviso en su formato 3D, para el cual fueron diseñadas.
RE4 comienza con un breve prólogo de Milla Jovovich (análogo al prólogo de RE2: Apocalypse y RE3: Extinction) describiendo las atrocidades realizadas por la corporación Umbrella. Sinceramente, esperaba encontrarme a Leon Kennedy (estelarizado quizá por Jensen Ackles: Dean Winchester en Supernatural) entre los personajes principales; en lugar de eso, el hermano perdido de Claire Redfield: Chris (protagonizado por Wentworth Miller), tuvo una excelente sesión de tiro matando zombies durante gran parte del largometraje. La chava Crystal (que con el perdón de mi novia, debo decir que) estaba bastante, bastante bien; pero se murió muy pronto (inserte su carita triste aquí: _______). Supongo es el destino que las chavas mejorcitas (no protagonistas) deban morir rápidamente en este tipo de películas. Uno de los elementos más interesantes (e inesperados) es que Alice es despojada de la gran mayoría de sus habilidades (fuerza, rapidez y agilidad sobrehumanas, telekinesis, regeneración celular y tisular aceleradas) casi al principio de la película. Alice se limita a dar las “gracias” por haberse vuelto humana de nuevo. Con sus entrenamiento militar básico intacto, el ahora ex–proyecto Alice se abre paso en la búsqueda de la tierra prometida sin infección. Nos introducen nuevos villanos: los Majini Zombies (véase http://residentevil.wikia.com/Majini), los perros Adjule (véase http://residentevil.wikia.com/Adjule), el famoso Albert Wesker (que aquí aparece como presidente absoluto de la corporación, y mi favorito: el Majini Executioner (véase http://residentevil.wikia.com/Executioner_Majini) con su enorme hacha. Sé que varios podrán haberse indignado con la obvia inspiración de los realizadores en la trilogía de Matrix para darle vida a la pelea final entre los hermanos Redfield y Albert Wesker. Ya no me molesta que exploten elementos originalmente Wachowskianos; criticar a una película que hace obvias referencias al trabajo de Larry y Andy Wachowsky “es como molestarse porque la gente cite a la Biblia”, le decía a mi hermano. Y es cierto, cuando un discurso (ya sea científico, político, religioso, artístico o cinematográfico) marca un hito en el devenir de la historia, lo más probable es que trabajos posteriores se basen en su discurso para lograr nuevas creaciones. Algunos los llaman “copias”, otros “inspiraciones inconscientes”. Yo quisiera pensar, en el caso de RE4, como raíces necesarias.
Sin embargo, a pesar de que Albert Wesker esquivara balas (que obviamente resaltaron en el formato 3D), Crystal estuviera muy pero muy bien, el Majini Executioner diera hachazos gigantescos a diestra y siniestra, y el final de la película insinuara descaradamente la creación de una quinta entrega, la película no dio la talla de las primeras 3. Para ser honesto, no esperaba más al respecto. Siendo una película diseñada para un formato tridimensional, me supuse (como siempre) que tanto Alice como los demás personajes se la vivirían lanzando objetos hacia la pantalla, o que constantemente escaparían de ventanas haciendo explosión. Debo admitir que la película nos sacó (a mí y a toda la audiencia) 2 carcajadas bastante satisfactorias a lo largo de la película. En resumen, fui a ver la película porque soy Fan (del concepto en general, fílmico y de los videojuegos); así, buena o mala, es mi deber como Fan ir a verla, y disfrutarla. Mi favorita sigue siendo RE2: Apocalypse. No me queda más que advertir a todos aquellos ajenos al discurso de Resident Evil, o a todos aquellos Betornillos apegados al concepto de las consolas, que de ir, no encontrarán una excelente película. A lo más un filme decente sobre escapar de los zombies mutantes. No puedo decir que me encantó. Lo que sí puedo asegurar, es que ahora espero con unas ansias descomunalmente locas, la realización de la quinta entrega. De no ser elaborada por la franquicia original, yo mismo me encargaré del proyecto. Al fin y al cabo, es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo.

The Last Airbender


Nuevamente, advierto: mi revisión es ENTERAMENTE sobre el filme. Me declaro completo y absoluto Fan del trabajo de Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko en Nickelodeon para la serie Avatar: The Last Airbender. Aunque la película también fue producida por la misma cadena de programación infantil, como toda obra adaptada al cine, cambiaron ‘n’ cantidad de elementos en la realización. Por lo tanto, me enfocaré concretamente sobre el filme.Está completamente de más
Para empezar, la obra en México está mal traducida. En la serie doblada al español latinoamericano, repetidamente se menciona que la traducción de “Airbender” al español es “Maestro Aire” (Maestro-Aire, si así se desea), no “Maestro del Aire”. Es una ligera preposición, lo sé. Sin embargo, más allá de la obsesión por los detalles, el agregar la palabra “del” al concepto de los maestros aire le quita todo el misticismo que se maneja durante la serie. Continuando con los elementos importantes, los que somos Fans nos daremos cuenta que Katara no tiene nada de Katara, a lo mucho sus líneas. Katara es morena, y la actriz que desempeña el papel de la última Maestra Agua de la Tribu de Agua del Sur (Nicola Peltz) es casi tan blanca como las casas de hielo de su aldea. Sokka adquiere un papel más activo durante la trama, ya no sólo es “el chico gracioso que sabe leer mapas”, sino que también propone y determina los planes. La cicatriz de Zuko no es tan descarada, y los maestros tienen que realizar elaboradas combinaciones de movimientos marciales antes de levantar siquiera sus respectivos elementos del suelo (éste fue uno de los elementos que más me disgusto de la adaptación).
Está completamente de más, y considero absolutamente innecesario comentar que incontables elementos de la serie quedaron suprimidos, omitidos o tergiversados en la adaptación cinematográfica (sobre todo al final). Después de todo, es un hecho necesario después de intentar condensar 20 episodios de 23 minutos aprox. cada uno, en un filme con 103 minutos de duración (no gusto hacer las mates de proporción). Todo se puede resumir en el hecho de que (gustosamente) me la pasé respondiendo las preguntas de mis acompañantes (lo más brevemente posible) sobre la trama, además de que agregué uno que otro paréntesis aquí y allá en diversas escenas. Una vez más, la fui a ver porque soy Fan, y al respecto, no tengo nada más que decir. La última pelea entre Aang y los soldados de la Nación del Fuego estuvo rescatable, Aang no se la pasó moviendo los brazos de un lado a otro para levantar apenas un puñado de agua. La cosa ya fue más en serio, más como en la serie: dinámico. Por un momento temí que los realizadores pretenderían condensar TODA la serie en un solo largometraje (ya que el título de la película no da indicios de ser parte de una secuela). Inclusive, llegó un momento en que me cansé de que la peli diera saltos tan abismales entre cada escena al tratar de cubrir cada capítulo de la primera temporada de la serie. Se limitaron a la primera temporada al menos. Estoy obligado a ver las siguientes dos: El Libro de Tierra (muero por ver a Toph y a Azula en acción), y el Libro de Fuego. La película me agradó, pero no puedo sino remitirme a la emoción que me producía, y me sigue produciendo, la serie original. Ojalá y transmitieran las tres temporadas completas en la una pantalla IMAX. Haría lo posible por obtener el dinero (o al menos un descuento), y verlas todas.

Expectativas de Harry Potter and The Deathly Hallows

¿Qué? ¿Les tengo que advertir que no la he visto y que sólo mencionaré un pre-juicio fundamentado en mis creencias, y experiencias sobre la saga completa (en libros y cine)? Mejor pónganse a re-leer los finales de sus libros favoritos en la obra de J.K. Rowling.
Más allá de lo que espero ver, comenzaré mencionando lo que NO espero ver, y eso es: objetos aproximándose innecesariamente a la pantalla para que los $95.00 valgan la pena. Ya lo había mencionado, es descarada la manera en que los realizadores hacen que los actores acerquen el dedo a la lente como si quisieran sacarnos un moco o robarnos las palomitas. Ni la varita de Sáuco (cuya versión inglesa prefiero como Elder Wand) es tan impresionante en 3D. Sí, sí quiero ver como todo termina. Quiero ver a Harry pelear contra Voldemort (aunque al parecer será en las afueras del castillo de Hogwarts de acuerdo a los trailers), quiero ver al dragón de Gringotts (y ver qué hace), y quiero ver si esta vez quedará decente el largometraje al dividirse en dos partes. Quién sabe, igual y esta vez los realizadores hagan un buen trabajo. Definitivamente iré a verla en formato normal. Vi HP6 en formato normal, y me agradó (como Fan). Tan pronto tenga el dinero, iré a comprar mis boletos de pre-estreno. Mis mejores deseos para este proyecto, que todo sea tan emocionante como promete ser. 

 

jueves, 16 de septiembre de 2010

Viva México

Juro por todos los dioses que no fui con intenciones de dar el grito. Me invitaron a ver el desfile y  mi curiosidad como psicólogo social me obligó a introducirme en el fenómeno colectivo del bicentenario con fines cien por ciento científicos. Tengo que admitir que al principio, el plan era ir, ver el desfile e irme.  El taxi me dejó en Buenavista, a partir de donde había bastante tráfico. Tomé el metrobús dos o tres estaciones (literalmente: nos bajaron en tabacalera), porque la ruta del metrobús estaba cerrada, y el resto fue caminata. Era como un festival de rock sobre avenidas importantes. No había visto tanta gente desde que Juan Pablo II vino a México. Caminé hasta Reforma, y de ahí hacia el Zócalo por no sé qué calles. Había escenarios y stands de televisa aquí y allá. Pantallas transmitiendo artistas, barreras, y gente atestada para ver el desfile que pasaría por en medio de la avenida. Me llevé un plano del Centro Histórico (cortesía de Google Maps) para saber más o menos por dónde andaba y  me lancé en una odisea por obtener acceso durante casi dos horas. Nos negaron la entrada 'n' cantidad de veces con el argumento de que "los accesos al Zócalo están cerrados". Como difícilmente aceptamos un 'no' como respuesta, rodeamos casi todo el Centro y al final entré por 20 de Noviembre. Fue toda una trayectoria (sería interesante anexar un mapa en esta entrada), las calles estaban llenas de gente y comercios de casi todos los tipos. Observé jóvenes, padres y niños; extranjeros, latinos, mestizos, asiáticos y quizá uno que otro gachupín. Se vendían nieves, accesorios patrióticos, banderillas, gorditas de la villa, ho'chos y hamburguesas, panqueques,  Al final, gracfias a una oportuna visión de un pequeño pasaje, logramos introducirnos. La iluminación no fue tan impresionante como contaban. Varios conocidos  me la habían recomendado anteriormente pero yo sólo vi lo mismo que en años anteriores. Quizá el penacho gigante y la pirámide azteca sobre la pared de uno de los eidificioes del zócalo establecían una diferencia; sin embargo, a pesar del penacho sobre uno de los edificios, todo se veía igual que el grito pasado. }
El centro estaba atascado, nos fue imposible cruzar la plancha. Había diversos sets de iluminación típicos de escenarios para conciertos y algunas pantallas. Las estructuras no me permitían ver nada de lo que ocurría. Éso, aunado al hecho de que no veía bien, provocó mi pronta desesperación. Ya estaba molesto desde hacía rato, pero no sabía bien a bien por qué. ¿Era el hambre? No, comí y seguía molesto. ¿Era lo mucho que faltaba para que pudiera ver el desfile? Lo dudo, la realidad era que me molestaba la gente. Pan y circo para el pueblo, como los romanos. Y era el pueblo, enajenado, quizá consciente, quizá inconscientemente, lo que me tenía mal. Eran los policías formados aquí y allá; era la posibilidad de que pasar algo, o peor: de que no pasara nada. De que el pueblo mexicano siguiera igual, como si nada hubiera pasado, después del grito. Me quise enojar por el abuso de comercio del bicentenario: las banderitas, las mohicanas tricolores; pero no pude, tal y como dice mi profesora de filosofía: "la gente tiene que arreglárselas de alguna forma". Observé banderas en las camisas y paliacates. Me pregunto si no nos convertiremos algún día al gringotismo, los estadounidenses llevan a su bandera hasta en los calzones. Se dicen ser más patriotas, aunque irónicamente carecen de una historia y riqueza cultural como las nuestras. Me quise enojar de que nadie estuviera haciendo caso a la cadena que circuló por facebook: "Vamos a dar silencio por México". Cuando la leí, supuse que al presidente no le importaría que nadie lo acompañara aquél día en el Zócalo. De todas formas, ¿no estuvo dejando recados de que lo mejor era quedarse en casa a ver el grito por televisa o tv azteca? Pero ahí estaba toda esa gente, o no quiso hacer caso, o no sabía. ¿Cuántos de ellos tendrían acceso a dicha cadena? No era coherente molestarse porque siguieran una tradición de toda la vida: ir al Zócalo a gritar ¡Viva México! tal y como yo lo grité hasta el año pasado.
El desfile llegó al fin por ahí de las once de la noche. Y fue entonces que tuve una pequeña visión del por qué, quizá, sí había algo que celebrar. Reprimidas, olvidadas, discriminadas o aún sobre-explotadas, aún quedan entre nosotros vestigios de las culturas que se volvieron libres de España. Los pueblos indígenas permanecen, aunque muchos ya se han disuelto o han entrado al eterno proceso del mestizaje. Cada carro alegórico, cada penacho, cada vestido me hizo entender que probablemente sí fue lo mejor liberarnos de España. Es cierto: aún nos conservamos como esclavos de un nuevo maestro. Ya llegará el tiempo en que nos libremos de las cadenas para bien. Espero esta vez para siempre, espero.
Terminó el desfile, levantaron el Coloso (cuyo rostro no logré reconocer) y Calderón gritó ¡Viva México! Esperaba a la gente enardecida, esperaba lo que se espera sentir en un partido de fútbol, en una manifestación, en un concierto; pero tal emoción, nunca llegó. A pesar de que la voz amplificada del mandatario hzo que un escalofrío me recorriera la piel (desconozco por qué, no soy fan de Calderón), el pueblo no se emocionó como yo esperaba. Al menos la mitad se limitó a grabar el grito con sus cámaras y celulares. Vi a varios que tampoco dijeron nada. Yo no grité, me quedé con los brazos cruzados. Los demás ni se dieron cuenta. En menos de dos minutos, el presidente ya estaba fuera de alcance para cualquier atentado, e inmediatamente comenzaron los fuegos artificiales que se disparaban desde la catedral. Realmente me pregunto si hace cien años, Porfirio Díaz no pudo haber organizado algo mejor.
Eso fue todo: conciertos, ambulantes, fuegos artificiales, un coloso (al cual no desdeñaré: quedó bien), un grito de cuatro minutos, y un desfile que -realmente- diría fue lo único que valió la pena. A pesar de la parafernalia policíaca (que bien, daban pie para pensar que en cualquier momento se podía dar otro fuego cruzado como en el sesenta y ocho), no pasó nada. Yo guardé mi silencio y disfruté de un buen espectáculo alegórico. Yo creo que eso es México: las culturas que todavía aguantan, la gente que se despierta de la realidad provista por televisa y tv azteca, los que guardamos silencio no por sostener un celular, sino porque conscientemente decidimos ignorar el grito magni-amplificado del presidente. Una vez terminados los fuegos artificiales, el pueblo de México se retiró como si el grupo al que habían venido a ver se hubiera ido del escenario. Dentro, muy dentro mío admito, que si en vez de Calderón, pudiera ver emocionado que nuestros verdaderos padres hizaran la bandera de nuevo; aún con tendencias e intenciones, si Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, Guerrero, Sor Juana, Zapata, Madero, Villa, Cuauthémoc, Nezahualcóyotl, y todos aquellos que verdaderamente buscaron un México un país un poco más justo, nos recordaran el por qué de su lucha; quizá entonces volvería a gritar como cuando era niño. Tenemos un pueblo bastante herido y anestesiado. Para volver a luchar por una patria verdaderamente independiente, necesitamos volver a sentirla, necesitamos vover a sentir. Aún imperfectos, que los habitantes reclamemos un motivo mejor para festejar. Aún sabiendo que nos volveremos a equivocar (pero quizá esta vez de una mejor manera), que los que deseen un México libre lo griten, que lo vivan y que lo sientan. Viva México, todavía quedamos algunos despiertos, esperando para gritar de nuevo. Viva.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Revisión del Programa de Conocimiento de Frontera

No sé... me suena a Transdisciplina III
No me lo tomen a mal, a mí me gustó la Transdisciplina (más la I que la II).
Sin embargo, los temas que se tocan aquí tienen algo de familiar con lo que hemos estado viendo a lo largo de los últimos semestres (o bueno, de lo que se supone que debimos estar viendo). No sé bien a bien qué quiera decir "de frontera" suena como a ese terreno borroso que no se sabe si pertenece a la Psicología o a la Sociología, o a la Historia, o a la Política, o a la Etología, o a los Lingüistas, o a la Antropología, o a la Economía, o a la Filosofía... y así me puedo seguir. La Psicología se lleva con muchas cosas, es como la catsup o la salsa valentina. Lo bueno que en Psicología todos siempre tienen algo que decir, después de todo, nada está dado (hasta en Neuropsicología hay más dudas que respuestas). Veo tantos temas tan sujetos a debate, seguro se sucitarán debates interesantes. Espero que la clase lo permita.
Repasando un poco, creo que ya vimos algo de Borrosidad y Hermenéutica en clases pasadas. Lo demás es nuevo para mí. No sé qué palabra tenga la Psicología en la Nanotecnología, pero estoy seguro que ambos temas puedan entablar una buena conversación entre sí. Es todo lo que puedo decir.

Bienvenida

Para mí, supongo. Es la primera vez que bloggeo; no prometo-como otros bloggers que conozco-, ni pretendo escribir cada día, semana, o mes. No es twitter; y no, no tengo twitter. Escribiré cada vez que me venga en gana. Probablemente para publicar distintos trabajos escolares de mi interés, probablemente para publicar ideas o simplemente para dejar fluir lo que pienso y crea conveniente compartir.
Buena suerte! Para mí, supongo.

P.S. Esta entrada está toda seca. Lo que pasa es que me gana el sueño. Ya veré qué hago después.
Hasta entonces...